VERSOS EN EL EXILIO
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(Luego de un desengaño, el poeta huye y se refugia en su pueblo natal,
buscando asilo y escondite para vivir en paz y reflexionar acerca de su dolor)
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PRIMERO
Donde el sol se pone más tarde y el crepúsculo se llueve en oro, te recuerdo...
Como borrado, como ebrio, Como ausente, Te recuerdo...
Y mastico la bronca Y el susto Y la picardía Y todo, ...y nada.
Porque a veces me asalta Una carcajada Y otras, las ganas -sólo- del llanto. Aunque eso ya fue...
Entonces, Una vez más, Enfrento a mano limpia Mi destino, hundiéndome en la vergüenza del Planeta.
Con todo, te recuerdo.
SEGUNDO
Estuve perdido. Siempre...
Lo presentía, desde antes del comienzo.
Te vi en tu estampa de traje de noche y misterio. Un traje de talle demasiado amplio para esta escuálida percha débil, vencida, casi muerta.
Es lo que queda de las guerras.
Y yo estuve perdido... Aun antes de la batalla decisiva. Pero pude escapar sin saber si serviré para otra.
Ya me cansó la violencia de los huracanes pasionales.
¡Basta de tempestades! Basta de sangre, hiel, y arena. ¡Basta!
TERCERO
Una bofetada tal vez... Fue lo que me estuvo haciendo falta.
Y creo que llegó en el momento oportuno.
Fue de vos... Áspera caricia helada. Efectiva y con certeza sin haberme tocado con un solo dedo. (las de mano abierta no duelen)
Impresionan las resueltas en miradas cortantes, en látigos hechos palabras, en la negación y la ausencia.
Tal vez... Golpeaste en el momento justo. Y fue bueno...
Como si me arrancaras los sentidos.
¡Qué poco he reído últimamente! Desconozco mis lágrimas... No tengo apetito. No extraño labios encendidos ni pieles frutales.
Y al contrario de mis tardes más románticas: ni siquiera tengo deseos de morirme.
CUARTO
¿Por qué no decir "El Muerte"?
(Suspiro)
Porque el Supremo pensó todo muy bien desde el comienzo de los Tiempos.
Entonces "Ella" fue siempre alguien muy particular.
Tanto, que acompañó en el Paraíso al Primer Hombre... hasta entrar en acción...
"Y vendrás por mí algún día con tu neblinosa estampa y tu túnica de noche. Me llamarás con tu óseo carcajear Triunfante tras las décadas de espera. Relumbrará lo hoja Metálica, segadora de almanaques, y alargando tu índice de Viernes Santo el abismo de tu boca antártica reirá y armará mi nombre".
Aunque te seguiré Pensaré en vengarme.
QUINTO
"No cortarás una flor jamás el año entrante", dicen los designios sagrados del Destino.
Por alguna flor quizás Estoy hoy aquí, sumergido en agridulce asilo.
¡Será de DIOS!
¿Cuántas veces un espinoso pimpollo de rocío nos sirvió para expresar lo que no podíamos pronunciar?
"Pero en el año que se inicia no robarás nunca una flor de los jardines nocturnos."
Porque aquella que te cautivó, por una flor te condenó.
"No vuelvas a cortar una rosa porque trae mala suerte".
SEXTO
El Sol -como un leopardo matemático- acribrilla la tarde entre la fronda fresca y verde.
Una gaviota estalla en plata Dentro del manto celeste y son de alegría sus chillidos- porque su pareja la espera.
Las mariposas, en látigos de almíbar, flagelan un aire suave y parece que la Tierra sonríe con aliento humífero, y húmedo, y único; casi mágico, estético, o estratégico.
Y es la vida que vuelve a suspirar hoy en un crepúsculo.
Y es mi alma que espera una vez más. Solo...
SÉPTIMO
Marinero sin brújula en destierro de andanzas y desencuentros.
Agobiado voy por un universo de autopistas, pasajes y salas de espera; paseando mi soledad -clase turista- por caminos de desesperanza.
Respiro en suspiros de aeropuertos con la imagen de un espejo que se burla en paralelas ferroviarias.
Y mis pulmones son durmientes y mi sangre se hace "fax" y en mis neuronas sólo hay planos, mapas, folletos.
Quisiera de un grito Quebrar el asfalto, y tal vez reclinarme en el asiento eternamente, mientras mi corazón villano se detiene con una lágrima seca, condenado, en cada condenada estación.
OCTAVO
Prófugo y desesperado en la tarde. Y siempre en la tarde... Así escribo mis versos de prisionero voluntario "para seguridad de mi alegría" o para garantía del Mundo o para salvar la paz allá lejos...
Y me recluyo en el estío del jardín. Me hago confidente del césped y les cuento mi pena a los helechos.
Recuerdo con el escalofrío (que se ríe a mis espaldas) mi huida desde la Arena, que me hizo dudar... Enormemente.
Escapé de tu vista y tu presencia con temor con vergüenza (Dolió más) También sin bronca (Dolió igual)
Fue un error de cálculos. Injusto.
Y me esclavizo una vez más con mis propias sentencias: "Las cosas pasan porque tienen que pasar".
NOVENO
Ella vendrá a buscarme un día de estos...
Y ya no le temeré Como de niño ni la desearé como en la reciente juventud desengañada.
Llegará -como siempre- en el momento oportuno.
Y me adornará con la piedra Como la querida por Jorge, con dos fechas sólo, para olvidarlas.
Ya no haré daño así...
Vendrás entonces, sin haber llorado (según corresponde) y dejarás flores blancas que beberé, hecho Sol, después de que sonrías casi con pena al juzgar: "Tonto, te equivocaste otra vez".
DÉCIMO
"Nunca nos vamos del todo" dicen...
Significa que puedo volver, en cualquier momento.
Y cesaré otra vez De ser la presa.
Notarás la señal y estarás perdida: Despertará una rosa blanca Abrazada a tu reja, en el fresco del estío que se va poniendo en marcha; para volver en otro tiempo, Ccmo amenazo.
Pero sabrás que al cortar una flor cada madrugada será mi sangre la que tiña las espinas, serán tus ojos los que acunen mi recuerdo y mi vida partirá en fracciones con un pasaporte de suspiros.
ONCE
En una siesta de enero Volvió a estar completo el pueblo.
Estacionó, monstruoso, el colosal autobús sobre el cemento hirviente de la plataforma.
Aparecieron de su vientre los jóvenes sobrios de largas cabelleras y perladas frentes. Y valijas...
Y asomaron ascéticas señoritas Fieles siempre fieles. Y chocolates...
Hubo encuentro añorados Y abrazos, y sonrisas, y una lágrima...
la aventura patagónica sería pronto sólo un montón de coloridas imágenes en un álbum.
Y más besos, y otra vez el amor...
Yo, en mi exilio, imperturbable, los ojos en el Cielo.
DOCE
Mi pueblo... ¡Por derecho!
No me parió. Pero me hizo su hijo Caminando...
Sus tardes; sus jardines, sus silencios, azucararon la espera y el descanso y el exilio.
Puedo vibrar Entre el perfume de sus canteros; puedo sentir a la Vida que vaga por sus calles.
¡Quiero vivir! ...con la certeza de ser libre en el pensamiento: sin culpas, sin trampas, sin vergüenzas. Llegué de pequeño, me fui ya maduro; y hoy vuelvo: persiguiendo la tranquilidad y el abrigo.
TRECE
¿Por qué ha de perseguirme tu recuerdo? ¿Por qué no permitirme gozar de la bella calma de las plazas...?
Te presentas -se me antoja- como araña lenta y certera que me asfixia con sus realidades, con sobrada sonrisa, con ojos de brillante, con piernas de marfil y el índice de Juez; recordándome que ya no hay lugar.
Ya no... No puedo ir hacia ti.
Debo volver... Es de hombres.
Pero la Física (o la Suerte) deberán hacer que vivamos en dimensiones diferentes.
CATORCE
¿Dónde está la paz, que no la encuentro?
Hoy deseo la paz y no la tengo...
Tal vez pueda gozarla un momento en la siesta sagrada de los cementerios.
La paz durará siempre en los cuerpos y las almas se ungirán con recuerdos.
Para tranquilizarme paseo por el predio del sacro campo en silencio.
Y me preparo al placer de descansar en su suelo, en paz, en eterno sueño.
QUINCE
Debe de estar por gotear Llovizna gris en mi sien.
La avenida central del pueblo que me adoptó y me asila me va llevando despacio. Como una caricia. Y adelante: la plaza...
Paseando por las calles fui un extraño, sin saludar casi a nadie por no conocerlos ya; y sin recibir palabras porque las memorias de los relojes y los otoños me borraron.
Por la plaza la realidad se aísla y el Universo es otro.
En la plaza la Vida se vive siempre.
DIECISÉIS
Cada tarde en la plaza renazco...
Me refresca la piel el agua de la fuente.
Me permito la sonrisa con los gritos de los niños y sus juegos y sus risas.
Inundan el alma los perfumes Coloridos de las flores en los canteros.
Y está el jacarandá.. Hay una añosa docena en círculo.
Pero éste... Tiene parte de mí. (Entre los pliegos de su apergaminada cáscara hay dos letras, y un solo recuerdo de rosas y chocolates).
El corazón ya no se nota. Pero quedó la flecha que separa los dos mundos...
DIECISIETE
Parece que el músculo vital se ha secado como una nuez. Soy casi un hijo del pueblo pero extranjero. Un solitario...
Sin hacer nada se han cansado los ojos sudamericanos.
Se han volado como peces los pensamientos del cerebro árido.
Al cruzar el parque -a la muerte de la tarde- una jovencita me saludó amable y agregó mi nombre. (¿Habría nacido cuando egresé del Instituto?)
El mundo cambió bastante. Quizás... no tanto.
DIECIOCHO
Me urge volver, Nada me apura más que hacerle frente a la realidad.
No quiero más estas vacaciones por la fuerza, por vergüenza, por las dudas.
Se me pasó la hora de las grandes empresas.
"No sueñes, no planees, no creas en todo.
Duda y serás libre.
Ocúpate de vivir lo que te queda que ya es bastante".
DIECINUEVE
¿Cómo será en pocos días tenerte enfrente?
¿Qué me dirás por animarme y volver a verte?
¿Qué pensarás de mi regreso y mi triste suerte?
No permitiré que mi presencia interfiera, que mi recuerdo te hostigue, porque asumí mi condena y beberé mi derrota perpetua.
Es que me equivoqué. Es lo que suele pasarle a los hombres.
Es lo que suele pasarles si creen que viven y quieren enamorarse.
VEINTE
Quizás Protejas la esperanza de volver a verme.
Tal vez quieras Llamarme a gritos por un momento para tenerme.
A lo mejor Quieras cazarme con tus iris; o domesticando la sonrisa te aproximes y te arrepientas -y me arrepienta- para reunirnos y así fundirnos y revivirnos.
Pero... lo siento. No podrá ser.
Estuve siempre. Cuando me busques, me habré ocupado de dormir por el Tiempo que resta. F I N María Juana (Santa Fe), enero de 1993 |
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